Sin óxido nítrico, la sangre no entra y no se te para. Tus arterias lo fabrican en su propia pared, y desde los 40 esa fábrica se apaga: a los 70 produce 75% menos que a los 20.
La semilla de uva la vuelve a encender sin pedirte ejercicio y, con las semanas, hace que tu cuerpo instale más fábrica. La betarraga suma una segunda vía que no depende de ella y rinde más donde llega menos sangre: ahí abajo